MÁS ALLÁ DE LA RN40
CAMINOS, HUELLAS OLVIDADAS Y TRAZAS INEXISTENTES EN EL OESTE PATAGÓNICO
11 al 20 de octubre de 2013
LUNES 14
ALTO RÍO SENGUER - LAGO FONTANA - VADEO RÍO UNIÓN - HUELLA MADERERA - HOSTERÍA CIERVO ROJO - RICARDO ROJAS
Como todos los días, arrancamos temprano y antes de las 9:00 horas ya estábamos en marcha por la RP57 rumbo a la cabecera norte del lago Fontana, específicamente buscando el vadeo del río Unión, el cual es el responsable de desaguar el lago La Plata en el Fontana, un sitio que es uno de los paraísos de los pescadores con mosca. Antes de salir, nos dimos una vueltita por Alto Río Senguer, que siendo en realidad un feriado, estaba más desierto que de costumbre. Increíble como cambió la prolijidad de este pueblo desde que pavimentaron gran parte de sus calles: por ahí mezclé algunas fotos de 1989 cuando todo era ripio y se hablaba por teléfono con demora...
La ruta provincial 57 está muy buena, apenas con alguna falta de mantenimiento por la temporada invernal, pero se puede hacer con cualquier auto. A medida que uno se interna en la cordillera los paisajes son cada vez más deslumbrantes hasta que el lago Fontana y los bosques que lo circundan te envuelven con su belleza.
Estuve dos o tres veces allí hace muchos años: en 1989 con mi esposa (los chicos no existían todavía) acampamos en las orillas del lago Fontana cuando andaba con una Jeep T-80 con una camper encima y años después, 2001 o algo así con mi viejo Valiant y un tráiler lleno de bártulos, del cual se rompió una punta de eje. Curiosamente este último percance fue la llave para que podamos encarar el vadeo del río Unión.
En esa oportunidad, cuando se rompió el trailer, vino en nuestra ayuda gente de las cabañas del complejo “Pueblo Brondo” que viendo que estábamos con niños pequeños colaboraron en retirar todo lo que había en el trailer con una camioneta y por supuesto, terminamos alojados allí varios días hasta que pude reparar el eje en Alto Río Senguer. Nunca olvidé el momento porque en esas épocas alojarme en cabañas de ese nivel era prohibitivo y alteró mucho el presupuesto de las vacaciones. Como imaginarán un Valiant II en esas latitudes era una rareza total así que nos convertimos en la atracción del complejo y todo el mundo nos conocía. El propio dueño de las cabañas, Juan Carlos Brondo se quedó muchas veces a conversar con nosotros.
Resulta que mientras buscábamos la bajada al vadeo del río Unión, vemos venir una camioneta de frente que dado lo angosto del camino, terminamos cruzándonos ventanilla de por medio. Al bajar el vidrio para saludar, reconozco a Don Juan Carlos Brondo y entablamos esta conversación:
-Seguramente usted no se acuerda, pero yo lo conozco hace mucho -le digo
-La verdad que no recuerdo -me contesta
-Y si le digo un Valiant II con un trailer roto, ¿no le dice nada? -acoto
El Valiant II en Pueblo Brondo-Ahora si, cómo no me voy a acordar! Un loco con un Valiant II y dos chicos pequeños con un trailer cargado como para una mudanza!! Hace muchos años de eso, yo ya no tengo más las cabañas, las vendí y me hice una casa para vivir aquí. ¿Qué andan haciendo por acá en esta época? - me responde rememorando
-Andamos de “exploración”. De aquella época me quedó el recuerdo de alguien vadeando el río y ahora vine con amigos a ver si podíamos hacerlo.
-Que bueno!, pero ¿saben como encararlo?
-No, ni ahí, estamos de autodidactas nomás…
-Menos mal que nos encontramos, no creo que se hubieran animado sin saber los secretitos. No es muy difícil pero te adelanto que la entrada y la salida no se unen por una línea recta. Es muy ancho y tiene bastante caudal ahora. Síganme que si se animan yo los guío. -nos propone Don Brondo para nuestro regocijo y suerte.
Don Brondo nos llevó hasta el punto de vadeo, que por otra parte no íbamos a encontrar tan fácil, de hecho ya nos habíamos pasado de largo sin ver la entrada. Al llegar allí se nos cayeron las mandíbulas del asombro: un río de más de 150 metros de ancho con mucha correntada y extrañamente quieto que denotaba profundidad respetable. Efectivamente no creo que nos hubiéramos arriesgado sin algún conocimiento previo ya que podíamos terminar, con suerte, flotando o sumergidos en el Fontana si algo salía mal. Además no sabíamos que venía después del cruce.
Juan Carlos me indicó que había que hacer una especie de semicírculo en el río para esquivar los pozones y que luego, el tramo de camino maderero entre la cabecera del lago La Plata y la hostería Ciervo Rojo donde se inicia el camino de la costa sur no nos sería fácil ya que encontraríamos barro, troncos caídos, arroyos desbordados y nieve, pero que seguramente podríamos pasar trabajando un poco. Quedamos en que yo sería el primero en pasar y que Don Brondo me daría las indicaciones por VHF.
Tomamos todas las precauciones posibles (subir todo lo que se pudiera mojar por encima de un metro, dejamos puestas las eslingas, los malacates listos, etc. excepto salvavidas (porque no teníamos) y me largué al río con decisión y mucho cagazo, porqué negarlo.
Una sensación indescriptible navegar en tanta agua con correntada, sobre todo al ir con cierto rumbo río abajo parecía una flotada, pero las indicaciones de Juan Carlos no me hicieron superar los 80 cm de agua (algo así como la rueda completa tapada) y por otra parte el piso firme permitieron alcanzar la costa sur sin dificultad. Del lado del acompañante entró bastante agua debido a que la correntada venció los burletes pero nada que no se solucione quitando el tapón del piso.
Con mi experiencia previa los demás fueron pasando con relativa tranquilidad excepto Miguel que fue el único que no recibió instrucciones radiales. De este modo los cuatro cruzamos el charco y agradecimos a la distancia a Don Brondo sin el cual nos hubiéramos quedado con las ganas…
No era aún mediodía y teníamos unos 15 kilómetros de huella maderera según Viajeros Mapas y luego ruta provincial de ripio. Supuestamente el escollo más bravo ya lo habíamos superado con la ayuda de los Dioses. La realidad que como esto estaba fuera de programa no lo teníamos estudiado para nada, o sea todo aventura
Pasamos frente a las instalaciones abandonadas del aserradero Carbajal, donde mudas y oxidadas, yacen las viejas maquinarias, así como un viejo puesto de madera que parece extraído de alguna serie del Lejano Oeste. Falta que aparezcan los vaqueros…
Alcanzamos la cabecera del lago La Plata y vimos desde enfrente el complejo de cabañas que ha crecido mucho en cantidad y calidad respecto a mi recuerdo. Está también la pasarela peatonal para cruzar el río, que ahora la deben usar para llegar a las cabañas quienes llegan en avioneta a la pista de aterrizaje que hay junto al lago. Un lugar bien exclusivo que ahora debe estar tan lejos de mi alcance como veinte años atrás…